Intimidad

Orar juntos sin que se sienta raro

Quieren una vida espiritual de pareja pero no saben por dónde empezar.

Conexión

Aquí hay algo curioso que viven muchísimas parejas cristianas. Son personas que oran — cada una por su lado. Leen la Biblia — cada una por su lado. Van a la iglesia, sirven, tienen una fe real. Y sin embargo, cuando se trata de orar juntos, en voz alta, como pareja, sienten una incomodidad extraña. Se traba la lengua. Da pena. Se sienten expuestos. Y muchos, sin decirlo, lo evitan.

Es paradójico: comparten la cama, la cuenta del banco, los hijos, los secretos más íntimos — y aun así, abrir el corazón a Dios en voz alta frente al otro les resulta de lo más difícil. Hay una especie de pudor espiritual, una timidez de mostrar al cónyuge esa parte tan personal de uno. Y así, muchas parejas que aman a Dios cada una por su lado, nunca lo buscan como equipo.

Este estudio se trata de eso: de la intimidad espiritual, de orar y buscar a Dios juntos, y de vencer esa incomodidad concreta que tantas parejas sienten. Y trae una buena noticia: esa torpeza del principio es completamente normal, le pasa a casi todos, y se vence con cosas mucho más sencillas de lo que parece. Hoy vamos a ver por qué la intimidad espiritual es tan valiosa, y cómo empezar — sin que se sienta raro.

PARA ROMPER EL HIELO · Conversen estas preguntas juntos

– Con honestidad: ¿oramos juntos como pareja, en voz alta? Si lo hacemos, ¿cómo se siente? Si no, ¿qué nos lo dificulta?

– ¿Cada uno tiene una vida espiritual personal (oración, Biblia) que el otro casi no conoce? ¿Por qué creen que es así?

– ¿Nos resulta más fácil hablar con el otro de casi cualquier tema que orar juntos en voz alta? ¿Qué creen que hay detrás de eso?

El estudio

La incomodidad de orar juntos es muy común, y entenderla quita la mitad del problema. Vale la pena ver tres cosas con honestidad.

• Orar juntos nos hace sentir expuestos — y eso asusta.: Cuando oro en voz alta frente a mi cónyuge, le estoy dejando ver mi corazón en bruto: mis miedos, mis luchas, mi manera torpe de hablarle a Dios, lo que de verdad me preocupa. Es una desnudez del alma —como vimos en I1—, quizás más vulnerable todavía. Y nos da miedo: ¿qué pensará de mi fe?, ¿de mi manera de orar?, ¿me juzgará? Por eso muchos prefieren orar a solas: es más seguro. Pero esa seguridad tiene un precio: nos perdemos la cercanía espiritual más profunda que un matrimonio puede tener.

• Creemos que tiene que sonar «bien» — y eso paraliza.: Mucha gente no ora junta porque cree, sin darse cuenta, que orar en voz alta requiere palabras elegantes, frases espirituales, un cierto «nivel». Y como sienten que no dan la talla, mejor no lo hacen. Pero esto es un malentendido grande: a Dios no le impresionan las palabras bonitas. Una oración torpe, corta, sincera, vale ante Dios tanto como la más elocuente. La idea de que hay que «saber orar bien» para orar juntos ha silenciado a más parejas que casi cualquier otra cosa.

• Lo dejamos para «algún día» — y ese día no llega.: Como la oración en pareja no es urgente —nada se rompe hoy si no oramos juntos—, queda siempre para después. «Cuando los niños sean más grandes.» «Cuando tengamos una rutina.» «Cuando se me quite la pena.» Y pasan los años. Igual que con el tiempo de pareja (H3), la intimidad espiritual que no se empieza a propósito, no empieza sola. El «algún día» es el mejor enemigo del «hoy».

UNA ACLARACIÓN IMPORTANTE: Este estudio no busca poner presión ni hacer sentir mal a quien no ha orado nunca con su pareja, ni medir la «espiritualidad» de nadie. Tampoco se trata de que uno de los dos —muchas veces el que se siente «más espiritual»— presione o avergüence al otro para que ore «como debe ser». Eso solo hace más difícil la intimidad espiritual. Y si en la pareja uno tiene una fe más madura o más expresiva que el otro, eso es normal y se respeta. La meta no es alcanzar un ideal, sino dar un primer paso pequeño y sincero hacia buscar a Dios juntos, al ritmo del que va más despacio.

MIREMOS NUESTRO MATRIMONIO · Respondan juntos, sin juzgarse

– De las tres cosas que leímos —sentirnos expuestos, creer que tiene que sonar bien, dejarlo para «algún día»— ¿cuál nos ha frenado más?

– ¿Cuál de los dos se siente más cómodo con esto, y cuál menos? ¿Podemos hablarlo sin que el más cómodo presione al otro?

Esto es un adelanto. El devocional completo está en la app.

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