Cimientos
Un cordón de tres hilos
Dios se ha vuelto un invitado lejano y no el centro del hogar.
Conexión
Casi todas las parejas cristianas dirían que quieren a Dios en el centro de su matrimonio. Es una frase que se repite en las bodas, en los aniversarios, en las oraciones. Y es una buena intención, sincera.
Pero hay una distancia grande entre creer eso y vivirlo. Muchos matrimonios tienen a Dios «en el centro» como tienen un cuadro en la sala: está ahí, lo aprecian, pero podrían pasar semanas sin mirarlo de verdad. Dios pasó de ser el dueño de la casa a ser un invitado de honor: respetado, mencionado en momentos especiales, pero fuera de la conversación diaria.
Este estudio no quiere convencerlos otra vez de que Dios debe estar en el centro —eso probablemente ya lo creen. Quiere algo más concreto: mostrar cómo se ve eso en la práctica. Qué se hace un martes cualquiera, en la cocina, con las cuentas sobre la mesa, para que Dios sea de verdad parte del matrimonio y no solo una idea bonita.
PARA ROMPER EL HIELO · Conversen estas preguntas juntos
– Si alguien que los observara una semana entera tuviera que adivinar qué lugar ocupa Dios en su matrimonio, ¿qué creen que diría?
– ¿Cuándo fue la última vez que hablaron de Dios juntos, no en la iglesia, sino en casa, como pareja?
– ¿Dirían que Dios es hoy el «dueño de casa» de su matrimonio, o más bien un invitado de honor? ¿Por qué?
El estudio
Que Dios pase de ser el centro a ser un invitado casi nunca es una decisión. Nadie dice un día «saquemos a Dios de nuestro matrimonio». Pasa por desgaste, sin ruido. Vale la pena reconocer cómo ocurre, no para sentir culpa, sino para verlo a tiempo.
• La fe se vuelve individual y deja de ser de pareja.: Cada uno, por su lado, quizá ora, lee, va a la iglesia. Eso es bueno. Pero el matrimonio como tal no tiene vida espiritual propia. Son dos cristianos que viven juntos, no una pareja que camina junta con Dios. Y eso no es lo mismo.
• Lo urgente se come a lo importante.: El trabajo, los hijos, las cuentas, el cansancio. Todo eso grita y exige atención ahora. Buscar a Dios juntos no grita: espera en silencio. Y lo que espera en silencio siempre termina cediéndole el turno a lo que grita, hasta que se queda sin turno.
• Se reza en las crisis, pero no se camina con Dios.: Muchas parejas solo buscan a Dios juntos cuando hay un problema serio: una enfermedad, una deuda, un susto. Funciona como un extintor: ahí guardado para emergencias. Pero un extintor no es compañía. Dios queda reducido a auxilio de último recurso, no a presencia diaria.
UNA ACLARACIÓN IMPORTANTE: Que Dios sea el centro del matrimonio no significa que la pareja deba volverse «súper espiritual», orar tres horas al día o hablar solo de temas religiosos. No se trata de cantidad ni de apariencia. Se trata de incluir a Dios en lo real y cotidiano: en las decisiones, en las conversaciones, en los planes. Como veremos, lo que sostiene es la constancia de algo pequeño, no la intensidad de algo grande.
MIREMOS NUESTRO MATRIMONIO · Respondan juntos, sin juzgarse
– De las tres maneras que acabamos de leer, ¿cuál se parece más a lo que nos ha pasado: la fe individual, lo urgente que se come lo importante, o Dios solo para emergencias?
– ¿Tenemos algún hábito espiritual que hagamos juntos como pareja, o cada quien va por su lado?
Esto es un adelanto. El devocional completo está en la app.
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