Cimientos

Tú no eres mi todo (y eso es bueno)

Uno depende demasiado del otro, o si se sienten asfixiados en la relación.

Conexión

Hay una frase que suena muy romántica y que muchas parejas se han dicho con todo el corazón: «tú eres mi todo». En una canción es hermosa. En una tarjeta de aniversario, conmovedora. Pero si la tomamos en serio, como un plan de vida, esa frase puede volverse una carga muy pesada para el matrimonio.

Porque cuando una persona se convierte en el «todo» de otra, recibe un trabajo imposible: llenar cada vacío, calmar cada miedo, dar sentido a cada día, no fallar nunca. Ningún ser humano puede con eso. Y el matrimonio empieza a doler, no por falta de amor, sino por exceso de peso.

Este estudio propone algo que al principio suena raro, pero que en realidad es una buena noticia: tu pareja no es tu todo, y eso no es un problema, es un alivio. Hoy vamos a ver por qué quitarle a tu cónyuge un peso que nunca fue suyo es una de las cosas más amorosas que puedes hacer.

PARA ROMPER EL HIELO · Conversen estas preguntas juntos

– ¿Alguna vez le han dicho al otro, o han sentido, que «tú eres mi todo»? ¿Qué quisieron decir con eso?

– ¿Cuál creen que es la diferencia entre necesitar a alguien y depender por completo de alguien?

– ¿Sienten que en su relación alguno carga, sin querer, el peso de «hacer feliz» al otro todo el tiempo?

El estudio

Cuando ponemos a nuestra pareja en el lugar del «todo», normalmente no lo decidimos a propósito. Pasa solo, poco a poco. Pero tiene consecuencias que sí se notan. Conviene reconocerlas con honestidad, no para sentir culpa, sino para entender qué está pasando.

• Le exigimos al otro lo que no puede dar.: Esperamos que nuestra pareja nos llene por dentro, nos quite la inseguridad, nos dé identidad y sentido. Cuando no lo logra —y nunca lo logra del todo— sentimos una decepción constante. El otro se esfuerza y aun así «nunca es suficiente». No porque sea mal cónyuge, sino porque le pedimos algo de tamaño divino.

• Asfixiamos en lugar de amar.: Si el otro es mi todo, entonces todo lo que él hace me afecta demasiado: cada gesto, cada silencio, cada plan suyo aparte de mí se vuelve una amenaza. La cercanía se transforma en control. El amor empieza a sentirse como vigilancia, y el aire empieza a faltar.

• Nos quedamos sin un lugar firme donde pararnos.: Si mi pareja es mi todo, entonces mi paz sube y baja según el ánimo del otro. Un mal día suyo es un mal día mío. Un cónyuge no es mala persona por tener un mal día; el problema es que pusimos toda nuestra estabilidad sobre algo que, como todo ser humano, cambia.

UNA ACLARACIÓN IMPORTANTE: Decir que tu pareja no es tu todo NO significa que no la necesitas, ni que debas amarla menos, ni quererla a distancia. La Biblia valora muchísimo la unión profunda entre esposos. El problema no es necesitar al otro: es ponerlo en el lugar que solo Dios puede ocupar. Cuando Dios ocupa ese lugar, no amamos menos a la pareja —la amamos mejor, sin aplastarla con un peso que no le corresponde.

MIREMOS NUESTRO MATRIMONIO · Respondan juntos, sin juzgarse

– De las tres consecuencias que acabamos de leer —exigir de más, asfixiar, o perder el piso—, ¿cuál se parece más a algo que hemos vivido?

– ¿Hay algún vacío que le estamos pidiendo al otro que llene, y que quizá nunca pueda llenar?

Esto es un adelanto. El devocional completo está en la app.

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